Sobre dramaturgia

En este espacio, algunos extractos de textos que me han interesado e influenciado, referidos o aplicables a la creación dramatúrgica.




“(...) Pregúntate  ante todo, qué es lo que entiendes por lo dramático, qué es para tí lo teatral. Imagina un escenario. Recurre a un recuerdo y a tu fantasía. Ve a un teatro, bueno o malo, pero que sea un teatro de verdad, con aire entre la escena y el público, con magia, detención del tiempo y sacralización del espacio. Observa el trabajo de los actores y reflexiona cuándo hay teatro, cuándo hay cine, cuándo hay literatura, cuándo hay poesía, danza o pintura. Cuándo no hay drama sino espectáculo. Luego vete a casa y vaga con el control remoto por los canales de televisión. Cuándo hay drama, cuándo información. Lee en voz alta. Distingue prosa poética de verbo dramático.  Sal después a la calle y trata de sentirte imantado por una escena. Los ojos abiertos. Los oídos abiertos. Como si fueras una red de cazar insectos dispuesta a captar un hecho dramático: a alguien le está pasando algo que cambiará su vida. Detéctalo. Retenlo en tu memoria.
(...) Trabaja cuidadosamente tu propia capacidad de fascinación. Es tu instrumento más delicado y debe ser fino y sensible, no dejarse engañar con baratijas y distinguir el grano de la paja. Nos er activado por cualquier cosa, tornarlo exigente, mañoso, sofisticado. Que esta última palabra no te asuste. Entrénalo. Sofisticarlo pero conservarlo espontáneo. Libre, nada de académico. Sobre todo vuélvete consciente de tu propio aburrimiento. Que, como debes saber, es un invento cultural de Occidente, apareció en el siglo IV después de Cristo y lo describió un monje llamado Casiano como el demonio del mediodía. El nombre es posterior. Ab horrere = sentir horror. De siglos después. Tiene que ver con nuestro pánico a la nada y con cierta pérdida del sentido de lo sagrado. Ahora es trivial, todo el mundo se aburre, y se aburre cuando desaparece el drama de la vida. Esto es muy importante. Tienes que aprender a aburrirte. A distinguir qué te aburre y cómo y cuándo te aburres. Es quizás el primer elemento que te permitirá distinguir la existencia del drama. Como en los sueños, el drama jamás aburre al espectador. Lo captura, lo atrapa: despierta tu curiosidad, te hace sentir que ahí está pasando algo. No puedes dejar de mirar, no puedes dejar de saber. Querer saber, he ahí lo que debe provocar toda escena.”
 
Marco Antonio de la Parra, "Carta a un joven dramaturgo" 
Ed. Alarcos, La Habana, 2008. Pags 413-414


«ESTOY firmemente convencido de que el fin de la literatura [en el proceso teatral] es ofrecer resistencia al teatro. Sólo cuando un texto no se puede representar supuesta la constitución actual del teatro es productivo o interesante para el teatro. ( ) Hay ya suficientes obras teatrales que se ponen al servicio del teatro tal como éste es, no conviene abundar en ello, sería parasitario».
 «ESCRIBO más de lo que se. Escribo en otro tiempo que el que vivo. ( ) [Escritura como] una cámara oscura. No me gustan las concepciones detalladas. No me gustaría conocer la fábula antes de encontrarla. Nunca busco una fábula. La encuentro antes de buscarla. Eso es lo que me agrada del escribir: es un riesgo, una aventura, una experiencia. ( ) Gertrude Stein formuló una definición del teatro que me gusta mucho: escribir para el teatro significa que todo lo que acaece durante el proceso de escritura pertenece al texto. Cuando uno escribe prosa tiene que sentarse a escribir, pero un drama no se puede escribir sentado. Es más lenguaje corporal que prosa».
 «NO creo que yo tenga un estilo. Me parecería mal que hubiese algo así como una manera de escribir fundamental. Creo que cada material ha de tratarse de un modo diferente y exige una manera de escribir distinta».
 «CREO en el conflicto. Es lo único en que creo. Eso intento con mi trabajo: fortalecer la conciencia para el conflicto, para las contradicciones y confrontaciones. No hay otro camino. No me interesan respuestas ni consignas. No puedo ofrecer ninguna. A mí me interesan los problemas y conflictos».
Heiner Müller, Errores reunidos
Traducción de Jorge Riechmann

textos publicados en Primer Acto nº 221, 1987



"Las palabras no son meros soplos de aire; las palabras contienen algo. Pero lo que dicen no es concreto, entonces, ¿de verdad se dice algo? ¿o es que nada ha sido dicho? Si son diferentes del piar de un polluelo, ¿significa eso que los sonidos tiene algún significado, o carecen de significado? ¿De qué forma se oscurece el camino para que haya verdad y falsedad?, ¿qué es lo que oscurece las palabras para que haya correctas y equivocadas?, ¿dónde es que no existe el Camino?, ¿dónde es que no caben palabras?"


Chang Tzu, citado en Samuel Cabanchik, Introducciones a la filosofía
Editorial Gedisa, Barcelona, 2005. Pag 61




"Cada obra en sí misma es una huella que testimonia la acción de caminar, pero, también, es un modo de ir concretando ese caminar. 
(...) Voluntad de forma y voluntad de estilo es lo mismo. La voluntad de forma es un hecho implícito a la creación. La voluntad de estilo es una comprobación de una voluntad de forma generalizada. La voluntad de forma pertenece al mundo del arte como creación. La voluntad de estilo al mundo del arte como resultado. Pero la voluntad de forma del creador lleva implícita una búsqueda más allá de sí mismo, lleva implícita una voluntad de estilo. Por esto se generan los movimientos artísticos.
El creador no es un solitario patológico sino un hombre implícito en el devenir de su tiempo. La voluntad de estilo es la búsqueda de su tiempo. Esta voluntad de estilo se va concretando a través de la voluntad de forma de cada creador. Es también una voluntad de romper con los límites de lo formal, va más allá de lo formal. Va más allá de la realidad, pero es, ante todo, una relación con ésta. A veces, puede ser un reconocimiento de la realidad. 
(...) La belleza es el valor de aquello que desconocemos. En busca de esa revelación, de lo que está más allá de nosotros mismos, está enderezado el proceso del arte.
Belleza es el punto de revelación."

Luis Felipe Noé, Antiestética
Ediciones Van Riel, Buenos Aires, 1965. Pags 79-85.